Miriam Ramos nos cuenta cómo es su vida en Alaska
Te encuentras en Alaska desde hace un año. ¿Qué te atraía de ese estado? ¿Tenías planeado vivir allí?
Si he de ser sincera, nunca en mi vida me hubiera planteado vivir en Alaska. No había considerado este estado como un lugar donde me apeteciese vivir en absoluto. Visitarlo tal vez, pero nada más. Vivir en un lugar donde las temperaturas están bajo cero más de seis meses al año, no era algo que me atrajese en lo más mínimo. A mí me gusta el calorcito, la playa, las primaveras floridas… Nunca antes había aprendido a esquiar siquiera, imagínate.
Mayormente he vivido en ciudades a lo largo de mi vida y lo de mudarme a un pueblito no era algo que me llamase la atención en absoluto. Ahora vivo en un pueblo de 500 habitantes, perdido en medio de la tundra subártica al suroeste de Alaska. Para que te hagas una idea, hay 13000 habitantes en esta zona de Alaska, y la extension en km2 es como media España. Hay una ciudad "grande", Bethel, con 6000 habitantes en la boca del río, y los otros 7000 estamos esparcidos en 29 pueblitos a lo largo del río. Los pueblos están aislados unos de otros, no hay carreteras en la tundra, ni puentes, ni nada. El río mismo se convierte en carretera parte del año, al congelarse. El resto del año, toca barca o avioneta.
No, nunca me lo hubiera imaginado. Desde luego, la vida te da sorpresas.
¿Por qué Alaska?
Bueno, es lo que tienen las relaciones de pareja. Unas veces cedes tú y otras veces cede el otro. En esta ocasión cedi yo. Mi marido encontró un trabajo en Internet que definió como "el sueño de mi vida." De la suya, entiéndase. Montar una organización medioambiental para la protección y conservación del Kuskokwim, el río libre más largo de EEUU, con unos 1200 km de longitud. Decidimos que si le ofrecían el trabajo, lo dejaríamos todo y nos iríamos a Alaska.
Admito que lloré tres días seguidos cuando nos dieron la noticia. Yo dejaba atrás una vida entera: mi consulta de psicóloga, mis amigos, una casa preciosa, parte de mi familia… No fué una decision fácil, pero un año después , no me arrepiento de haberla tomado.
¿Cómo es un día en Alaska?
Tranquilo, sobre todo, muy tranquilo. No hay prisas para hacer nada, especialmente en invierno. No hay congestión de tráfico. No hay ruidos. Mis días se van entre cuidar de mi hijo y de la casa, cocinar y hacer pan, cortar leña, hacer fotografía, aprender a hacer artesanías varias al estilo esquimal, aprender diseño de páginas web, escribir, enseñar yoga en el pueblo, tomar clases de piano, visitar a las vecinas, dar y recibir masajes, tomar saunas… No tenemos cines, ni cafeterias, ni nada, aparte de una tienda de víveres, una oficina de correos, un aeropuerto, una clínica, una escuela y tres iglesias. O sea que o te montas tú mismo tus propias actividades o te puedes acabar aburriendo mortalmente.
Los días en invierno son muy cortos y fríos. Cinco horas de luz a cuarenta bajo cero no da para mucha actividad ahí fuera. En verano en cambio, con luz 24 horas al día, la actividad fuera de la casa es frenética. Todos el mundo aprovecha los 3 o 4 meses de buen tiempo para hacer todo tipo de arreglos en las casas, acumular leña para el invierno, pescar, ahumar y hacer conservas de salmon, trabajar en las huertas (los que tienen), pasear en barca por el río...
¿Te has adaptado con facilidad?
Digamos que me he adaptado más fácilmente de lo que esperaba. Me costó unos meses, pero ahora me encanta mi vida en Alaska. Creo que en los tiempos que corren es un lujazo poder dedicarme a criar a mi hijo yo misma en vez de tener que llevarlo a una guardería como es el caso en tantas familias. Me tomo este tiempo en mi vida como un año sabático, alejada de mi profesión, pero haciendo cosas que también son tremendamente importantes para mí y mi familia.
Como dije hace unas semanas, en cierto modo esta temporada en Alaska está siendo como una vuelta atrás. Un paseo a modo de repaso de vida que me está dando la oportunidad de rescatar aquellas cosas que durante los años me han hecho sentir viva y que se me habían quedado olvidadas aquí y allá por el camino.
¿Piensas vivir en otros lugares?
No tengo ni idea de cual serà nuestro próximo destino. Lo de Alaska es por un tiempo y después no sé a donde iremos. Tal vez sea momento de regresar a España, o tal vez la vida nos lleve a otro lugar. Ya veremos.
Ahora eres profesora de yoga. ¿Qué diferencia has notado de ejercer la psicología a practicar clases de yoga? ¿Qué te ha enriquecido màs?
Bueno, yo no me defino como profesora de yoga. Simplemente enseño ejercicios de yoga que yo he aprendido a lo largo de los años, a la gente del pueblo. El yoga va mucho más allá de lo que yo enseño y de los escasos conocimientos que tengo sobre el tema. Estas clases que ofrezco de manera gratuita dos veces por semana, son mi forma de aportar algo constructivo a la comunidad que me rodea y de ofrecer alguna alternativa social, ya que el pueblo en sí no ofrece absolutamente nada aparte del bingo.
Profesionalmente, soy psicóloga en retiro sabático y terapeuta de masaje ocasional. Intenté buscar trabajo en el programa de salud mental en la clínica cuando llegué aquí, pero las condiciones de trabajo incluían numerosos viajes a los pueblos de alrededor para servir las necesidades de todas las comunidades de la zona, con lo cual desistí de la idea de trabajar. Ahora lo agradezco, porque conociendo la problemática social en esta zona, sé que volvería a estar expuesta a temas tan graves y que he conocido tan a fondo en mi trayectoria laboral como violencia de género, alcoholismo, y maltrato infantil de todo tipo, Con mi hijo tan pequeño, prefiero mantenerme por un tiempo al menos, lejos de la energía que crean esas problemáticas. Así que de vez en cuando doy masajes a las vecinas y enseño yoga, que es mucho más sano.
Tanto la psicología, como los masajes y el yoga me aportan mucho. Tienen en común el hecho de que mi enfoque de trabajo ha sido siempre psicosomático y mi trabajo como psicóloga ha estado siempre muy enfocado hacia el cuerpo. Veo al ser humano como una unidad cuerpo-mente, como un sistema inseparable al que es necesario explorar en su totalidad para llegar a conocer en profundidad. Con el yoga, al igual que ocurre con el masaje, accedo a una parte de mí misma donde la mente, en forma de pensamientos articulados, no alcanza.
Tienes un niño pequeño. Imagino que conoce Galicia. ¿Él qué prefiere?
Mi hijo acaba de cumplir dos años, así que intentar determinar sus preferencias sobre uno u otro lado es un pelín complicado. Allá tiene abuelos y playa, que le encantan y disfruta muchísimo de todo cada vez que vamos. Aquí disfruta a sus papis, a sus amiguitos, la naturaleza, el perro, y la nieve… Le ha encantado su descubrimiendo de esquiar este invierno. Anda por toda la casa con dos vías de tren en los pies y dice que está esquiando.
¿Qué te falta de tu vida en Galicia?
Sobre todo mi familia, aunque poca queda ya en Galicia, ya que estamos todos esparramados por ahí; amigas de esas que se cuentan con los dedos de una mano, y mi playita en Castiñeiras. Ah, y el marisco, por supuesto.

Si volvieras a Galicia, ¿Qué con qué te quedarías de la vida que llevas en estos momentos?
La vida que llevo ahora me encanta, por su tranquilidad y por la cantidad de cosas diferentes que estoy haciendo con mi vida. Evidentemente, el hecho de que me estoy tomando una temporada sabática en cuestiones laborales también influye. Me gusta la variedad, siempre me ha gustado. Me gusta que los días sean diferentes, que cada uno traiga sus cosas, sus actividades. Me quedaría con casi todo lo que ahora tengo en esta vida en Alaska. Y ojalá pudiese llevarme mi preciosa cabaña también.
ENTREVISTA POR NURIA SANTOS



































































6 comentarios:
Hola Nuria:
Gracias por el interés que has demostrado en mi aventurilla alaskarra (como dice un amigo, y me encanta la expresión).
Te mando un beso muy grande
Hola de nuevo Nuria, me quedé transportada en el tiempo y viajando por esos remotos lugares como lo es Alaska.
Me encuentro en el otro extremo, más precisamente en Argentina y debería cruzarme el continente americano en su totalidad para llegar.
Es increíble lo que relata Meiga en su entrevista, sobre todo su capacidad para adaptarse a una vida totalmente diferente a la que tenía y lograr mantenerse activa con distintas actividades, demuestra ser una persona con un empuje y positivismo tremendos, que no baja los brazos y "que le hace AL MAL TIEMPO BUENA CARA"
Verdaderamente toda una aventura lo que relata.
Me ha sido muy placentero conocerla también a través tuyo.
Nuria te mando un cariño enorme y que tengas un lindo fin de semana (continuaré leyéndote en los ratitos que tengo libre,,)
Un beso
Lylyan
He aprendido que te llamas Miriam jajaja.
Me ha encantado la entrevista y lo que cuentas. Cuando lo leí en tu blog pensé dejarlo para más tarde pero me enganchó.
Muy interesante la entrevista.
:)
Enhorabuena a las dos.
Cuantas cosas he sabido y me han impresionado.
Felicidades a las dos.
Hola, me he quedado maravillado con tu experiencia. Necesito ponerme en contacto contigo, para pedirte alguna información sobre tu vida en Alaska. He de decirte que es muy importante para mi.
azuldezen@hotmail.com
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